Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro, dos opciones opuestas para el Brasil que define su futuro.
Lula da Silva o Flávio Bolsonaro. Izquierda o ultraderecha. Soberanía o «patio trasero». ¿La leyenda continúa o acaba una era? El futuro de la región, en juego.
BRASILIA (enviado especial) Llegó el «día D», el domingo crucial en el que 158 millones de ciudadanos decidirán si Luiz Inácio Lula da Silva extiende su leyenda en Brasil o si Flávio Bolsonaro da el gran golpe, lo jubila, devuelve a la extrema derecha al poder y ayuda a Donald Trump a moldear América Latina a su imagen y semejanza.
Esta noche, cuando se terminen de contar los votos, el diario del lunes despejará esas y otras incógnitas, sobre todo una existencial para la región: ¿quedará en pie en el país más importante de América Latina un gobierno con voluntad y fuerza para ponerle un freno a la Doctrina Donroe que propone la hegemonía de Estados Unidos y el desalojo de China, además del apoderamiento por parte de la hiperpotencia de recursos naturales estratégicos que, se supone, pertenecen a los diferentes países?
Lula da Silva, Flávio Bolsonaro y las encuestas
El sábado terminó la campaña con multitudinarias manifestaciones en los grandes distritos electorales del sudeste de este país, expresivas del ánimo de una sociedad que se ha movilizado en buena medida por rechazo y por temor.
Las últimas encuestas conocidas anoche, al filo de una veda porosa que regirá en el día de la votación, cimentaron la idea de que Bolsonaro llega con un leve favoritismo.
Datafolha y Qaest, las contratadas por los grupos de medios más poderosos —Folha de S. Paulo y Globo— dejaron atrás su pronóstico de 50-50 de la víspera y señalaron que el momentum de la virada lulista podría haber llegado a su techo. Ambas arrojaron una intención de voto del 51% para el extremista de derecha y de 49% para Lula, todavía, por supuesto, un empate técnico por caer dentro del margen de error.
Con menos ruido, la encuesta de Nexus para el banco BTG Pactual, dio 50,5% y 49,5%.
Todo demasiado apretado como para hacer pronósticos, pero el el campamento del senador por Río de Janeiro se ilusionaban por la virtual unanimidad de la delantera matemática —no necesariamente estadística— de este.
Desde Buenos Aires, el desenfrenado Javier Milei de los últimos días se Esperanza como nunca con haber contribuido a pintar de azul todo el mapa de la región.
Lula da Silva, ante el peligro de la abstención
En semejante contexto, será fundamental la propensión de los ciudadanos a concurrir a las urnas, algo en lo que pretenden incidir los aparatos políticos en pugna en cada uno de los 26 estados y en este Distrito Federal. Se estima que cuando mayor resulte la abstención, menores serán las chances de reelección de Lula da Silva.
Salvo que el resultado sea disputado por quien sufra la derrota, el diario del lunes consagrará un vencedor, pero también una serie importante de escollos. Para empezar, la hostilidad agónica de medio Brasil desde el día uno.
Para Lula da Silva, además, un Congreso controlado por el bolsonarista Partido Liberal (PL) y sus aliados de derecha, la necesidad de avanzar sobre la tarea pendiente de su herencia, de recrear alguna visión de futuro, una economía que podría requerir algún ajuste del gasto tras el jubileo de campaña, el descreimiento público en un sistema entero que se mostró putrefacto a lo largo de esta campaña sucia y, desde ya, el acechante factor Trump.

Luiz Inácio Lula da Silva se juega la continuidad o el fin de su vida política.
¿Hasta dónde estaría dispuesto a avanzar el republicano contra un gobierno que considera hostil y abierto a los intereses chinos? ¿Sería capaz de pasar de las sanciones ya ensayadas a alguna audaz medida de fuerza contra las mafias del PCC y el Comando Vermelho, a las que pretende combatir mediante el militarizado y trasnacional Escudo de las Américas?
Las acechanzas del «presidente Flávio Bolsonaro»
Por su lado, a Bolsonaro hijo se le suman, además del rechazo profundo de medio país, el desafío de liberar a su padre Jair Bolsonaro del arresto domiciliario que cumple por el intento de golpe de 2022-2023. Lo mismo deberá hacer con su hermano Eduardo, también condenado —por su lobby contra los intereses brasileños a, por momentos una guerra abierta por espacios de poder, sería para el muletto Flávio un asunto de extrema importancia. Nadie en esta ciudad ignora que Jair, el jefe del clan, incidiría sobre él de un modo tan decisivo que cabría designar su eventual gobierno como uno tutelado.

Eduardo, Jair y Flávio Bolsonaro.
Todo, desde ya, en el clima enviciado que cabe imaginar ni bien comience a aplicar el ajuste —tesouraço— que le confirmó al establishment, pero que negó mientras miraba de frente a la opinión pública.
Aunque favorable, Trump también sería un riesgo para él. Los arquitectos de su política exterior hablan de una alianza con Estados Unidos que deje a salvo la autonomía brasileña y la defensa de los intereses nacionales. Dados el talante pasado de testosterona del republicano y los favores que Eduardo le ha pedido y él ha concedido, cabe dudar de que sea capaz de brindar semejante gracia.
Trump, a no dudarlo, se proclamaría responsable último de un triunfo bolsonarista, lo mismo que Milei, el mosquito que dice arar el terreno de Sudamérica para el patrón del Norte.
Basta de palabras: llegó el día.
(Nota publicada en Letra P).
